La crisis política y social en Bolivia ha escalado a niveles alarmantes con la muerte de cuatro policías en medio de enfrentamientos con bloqueadores que exigen la restitución del expresidente Evo Morales como candidato para las próximas elecciones. Las víctimas fueron identificadas como los tenientes Jorge Barrozo Rodríguez y Carlos Enrique Apata Tola, el sargento Jesús Alberto Mamani, y el subteniente Christian Calle Alcón. Los hechos ocurrieron en Llallagua, una localidad minera en el norte de Potosí, y en una carretera a Oruro.
Los uniformados fueron atacados con armas de fuego durante un operativo para desbloquear vías tomadas por sectores afines al líder cocalero. Según medios locales, los manifestantes también quemaron un bus policial, tomaron como rehenes a efectivos y bloquearon el acceso de ambulancias que intentaban auxiliar a los heridos. Un capitán permanece en estado crítico, agravando aún más la tensión. Las movilizaciones, que ya llevan más de diez días, han paralizado gran parte del país, con rutas tomadas, desabastecimiento de alimentos y combustibles, y violencia generalizada.
Los bloqueos comenzaron como protesta por la inhabilitación de Evo Morales para postular nuevamente a la presidencia, tras un fallo del Tribunal Constitucional que limita a dos los mandatos presidenciales consecutivos. Morales, quien gobernó entre 2006 y 2019, acusa al actual presidente Luis Arce de promover su exclusión y liderar un Gobierno incapaz de resolver la crisis económica, motivo por el cual también se exige su renuncia.
En otras regiones del país, como Vinto, cerca de Cochabamba, también se han registrado enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los manifestantes. En La Paz y Santa Cruz, la situación es similar, con protestas contra la escasez de combustible, el alza de precios de la canasta básica y la falta de soluciones concretas del Gobierno. A pesar de la gravedad de la situación, Arce ha descartado dimitir y ha prometido mano dura, anunciando operativos conjuntos entre policías y militares para recuperar el control del país.
Mientras tanto, Evo Morales, atrincherado en su bastión cocalero de Cochabamba, se mantiene desafiante. Aunque niega liderar los bloqueos, ha advertido que cualquier intento de desbloquear las rutas solo generará “mayor rebelión”. Ante la creciente violencia y la cercanía de las elecciones, sectores políticos y sociales han comenzado a pedir la declaración del estado de excepción como medida urgente para restablecer el orden en las regiones más afectadas.











