Este martes 28 de julio se realizó una marcha a favor del dióxido de cloro como tratamiento alternativo contra el COVID-19. Sin embargo, la convocatoria causó disturbios en las inmediaciones del Campo de Marte, en el distrito de Jesús María.
Por el estado de emergencia, este grupo de personas no tenían autorización para realizar la manifestación. Aun así, pretendían movilizarse por el distrito; sin embargo, los agentes de la Policía Nacional del Perú intervinieron para frustrar la caminata utilizando gas lacrimógeno para dispersar.
Con pancartas y arengas, estas personas expresaron su apoyo a este cuestionado insumo químico, que ha sido prohibido en varios países como tratamiento para el COVID-19 debido a que sus efectos secundarios pueden ser mortales.
Varios manifestantes portaban pancartas de apoyo a la llamada Coalición Mundial de Salud y Vida (Comusav), así como al seudocientífico alemán Andreas Kalcker, ambos promotores de este producto.
El dióxido de cloro surgió en los últimos meses como una supuesta receta “milagrosa” para tratar el Covid-19; tanto así que el Senado de Bolivia aprobó la semana pasada un proyecto de ley que autorizaba su uso en pacientes, levantando alarmas a nivel internacional.
Pero, ¿qué es y cuáles son los daños que produce? Se trata de una solución al 28% de clorito de sodio con agua destilada que es usada como un potente blanqueador y desinfectante de superficies industriales, similar a la lejía.
“Por lo tanto, no cura ninguna enfermedad”, advirtieron el viernes voceros de la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid).








