Sin morir ni matar a nadie en el intento. Circulan mil tips. Todos somos expertos en el tema o por lo menos vamos acumulando experiencia, pero como a la larga nadie aprende en cabeza ajena, aquí va mi granito de arena.
Tres consejos. Rutina, rutina y rutina. Inventarse una y cumplirla como colimbo. A nosotros el lockdown nos agarró en el campo. Suerte dirán algunos. Pó darse. Salvo que al segundo día la hdp del ama de llaves -15 años con nosotros, tratada como familia con salario de ministro- se zurró en la cuarentena “porque es mi franco y mi derecho nadie me lo va a quitar”, sabiendo que luego no podía volver. Evita vive. Me quedé con la casa de tres pisos, el parque de veinte hectáreas, los 3 perros y el marido de 80 años. Solución: empezar a atacar el stock de champagne del cumple que no fue. Beber en serio. Quizás zafe del corona pero termino border alcohólica.
Regla 1. Juntarse con el marido solo durante las comidas.
Levantarse a las 8:30 a.m., sacar los perros al jardín -chequear si alguien se hizo pichi-caca durante la noche-; la Lab es vieja e incontinente, el Jack lo hace solo por jorobar. Limpiar pichi-caca. Hacer desayuno. Lavar las ollas del día anterior mientras marido levanta la mesa. Time out. Subir al ático a caminar -ya no estoy para trotar y menos correr- sobre la cinta una hora mientras veo cualquier película. Abrazar mi cinta adorada porque en esta montaña no hay quien camine más de 50 metros en plano. Una hora de baja policía en closets botando papeles. Back to the future. Leer todo antes. Libreta de primer grado del Villa María, invitaciones a mil eventos en París, cartas del amor muerto. Tirar todo. Medallas de primaria, París y amor. “Viajaría más liviano”, dixit Borges. Sabio. Buena terapia.
Regla 2. Nunca quedarse el día entero en pijama.
Hacer la cama y ducharse. Maquillarse cada dos días, cambiar de ropa -¡ojo, que combine!- mínimo cada tres. Hacer el almuerzo. Ensayar recetas de Google. Platos al lavaplatos. Marido a la siesta. Recorrer el jardín y el invernadero. Podar y sacar malas hierbas. Recoger tomates y frambuesas.
Regla 3. Nadie te debe quitar tus tareas.
Unas horas de compu. Contestar WhatssApps, chatear con amigos urbi et orbe, mirar lo último de Megan en Youtube. Entrar al Face, tratar de no pelearse con nadie. Leer posteos sobre la solidaridad en el Perú y el mundo. Extasiarse sobre las cualidades del ser humano. Derramar unos lagrimones. Escribir/corregir columna. Juntarse con el marido y entrarle en serio al champagne -hay suficiente champagne para el sitio de Estalingrado-. Darse gusto y comer burundanga. Brie, jamon crudo, palitos de queso. Ver una película por cable. Marido escoge. Dejar marido abajo y meterse a la cama con Netflix.
Regla 4. Dedicar solo 15 minutos al día a preocuparse como será el mundo de mañana porque no tenemos ni la más pálida idea.
https://twitter.com/JulianaOxenford/status/1244377991809024002
¿Cómo nunca jamás escribir una columna?
Maki Miró Quesada nos lo enseña en Perú.21.Clasista, banal, encarnar un egoísmo nefasto, desde la cima de una montaña, mil eventos en París, mientras recoge frambuesas del invernadero: pic.twitter.com/n1KztLYTMw
— Katya Adaui (@kadaui) March 29, 2020
Carta de Cecilia Valenzuela a los lectores de Perú21
Hoy, en la página 20 del diario Perú21, en la columna After Party, firmada por la señora Maki Miró Quesada, se contraviene los valores que nuestro diario profesa.
Me disculpo con todas la personas que se han sentido agredidas e indignadas por lo publicado; con los lectores que nos siguen a pesar de las dificultades que enfrenta hoy nuestro país y el mundo entero; con los que no compran nuestro diario, pero han visto ese texto parafraseado en la internet; con la plana de redactores de Perú21 que trabaja a diario y sin descanso exponiendo su salud para contrastar y corroborar la información que les ofrecemos; con el Consejo Consultivo Editorial que nos acompaña y nos respalda de lunes a domingo; y con los ejecutivos y directores del Grupo El Comercio que libran una guerra aparte para sostener a la prensa bajo la convicción de que es y seguirá siendo, por siempre, la mejor arma a favor de la verdad y contra las mentiras que circulan en las redes sociales.
Podría decir que las manos y los ojos a veces no me alcanzan para leer todo el diario antes de su publicación, que a la crisis sanitaria que atravesamos se nos suma una inminente crisis económica y que, en mi condición de directora, debo prestarle toda mi preocupación a ambos temas que tanto angustian a nuestros lectores; pero no voy a hacerlo, no voy a excusarme. Es mi responsabilidad y la asumo. El insulto proferido nunca debió ser publicado, peor si está dirigido contra una trabajadora. La falta de sensibilidad social no caracteriza al equipo de periodistas del que formo parte.
La línea de Perú21 se fundamenta en la verdad, la libertad y el pluralismo. Los editores, podemos discrepar de la opinión de nuestros columnistas, pero siempre protegeremos su derecho a decir lo que piensan y a tener un espacio donde se escuche su voz, en tanto se trate de ideas. Cuando un columnista insulta a una persona, lo llamamos y le pedimos que retire el calificativo. Esta vez, no ocurrió porque no pude leer la columna antes de su publicación. Y si me toca jugarme por ideas que a veces no comparto, con mayor razón me toca hoy pedir perdón por haberse publicado en una columna del diario que dirijo, un insulto insensible e imperdonable a una persona que cumple con la ley y con su derecho a quedarse en casa durante una cuarentena obligada que busca, únicamente, protegernos de la enfermedad y la muerte.
Cecilia Valenzuela
Directora de Perú21
Postada: La publicación en el medio mencionado fue el 29/03/2020










