El más reciente informe de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) ha encendido las alarmas sobre la expansión de cultivos ilegales de hoja de coca en regiones fronterizas de Perú, especialmente en zonas colindantes con Colombia y Brasil. Este fenómeno, antes inexistente en algunas áreas, evidencia un preocupante avance del narcotráfico y su vinculación con otras actividades delictivas como la minería ilegal.
Uno de los casos más reveladores ocurre en la localidad de Cotuhé, provincia del Putumayo (Loreto), donde por primera vez se detectaron 105 hectáreas de cultivos de coca en 2024. Esta misma situación se replicó en Tigre, otro distrito de Loreto, con 76 hectáreas sembradas, y en Fitzcarrald (Madre de Dios), donde se hallaron 17 hectáreas, según detalla el reporte de Devida.
Expertos en seguridad como el exdirector de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI), Juan Carlos Liendo, señalan que este crecimiento está siendo impulsado por organizaciones criminales extranjeras, entre ellas disidencias de las FARC y el Comando Vermelho de Brasil. Estas bandas buscan ampliar sus zonas de operación hacia la Amazonía peruana, aprovechando la débil presencia del Estado en dichas regiones. Liendo también advirtió sobre la estrecha relación entre el narcotráfico y la minería ilegal, que actúan en tándem para lavar dinero y controlar rutas de salida.
El informe de Devida también resalta el crecimiento de cultivos ilegales fuera de la selva, como en Puno, Amazonas, Cajamarca y La Libertad. Esta última región, gobernada por César Acuña, ha visto un alarmante incremento de plantaciones ilegales, llegando a 659 hectáreas en 2024. En el distrito de Ongón, provincia de Pataz, se contabilizaron 104 hectáreas de coca, un indicio claro del avance del narcotráfico en los Andes.
La exprocuradora antidrogas Sonia Medina subrayó que el incremento del consumo de cocaína en Brasil —con más de 11 millones de consumidores según estudios de 2023— también está impulsando la expansión de estos cultivos en zonas con fácil acceso a rutas internacionales. Añadió que en regiones como La Libertad existen pistas clandestinas que facilitan la salida de droga por aire, sumándose a los puertos como vía de exportación.
Tanto Liendo como Medina coinciden en que el Perú enfrenta una nueva configuración del crimen organizado: un sistema transnacional donde el narcotráfico, la minería ilegal y la corrupción local operan en red, debilitando las instituciones y comprometiendo la seguridad nacional.









