Escribe: Jessi Vila Q.
Los peruanos sabemos que hemos experimentado las terribles consecuencias que trajo la pandemia, pérdida de empleos, inestabilidad laboral y, sobe todo, la vida de muchos compatriotas. Ya para finales del 2021, la Organización Para las Naciones Unidas (FAO) advertía que siete de cada diez distritos registraban problemas de inseguridad alimentaria.
Lo lamentable es que las cifras no han mejorado para este año, la FAO señaló que más del 50% de la población siente la inseguridad alimentaria. Esto se refleja en una mayor cantidad de la población que está pasando hambre, en referencia al 2019, habiendo pasado de ocho millones a 16, 6 millones de habitantes.
¿Se han preguntado el impacto adicional que eso tendría en la población? Según el último informe de la FAO del 2022, la subalimentación llegó al 9.8% a nivel mundial, lo cual quiere decir que esas personas no estarían cubriendo el 70% del requerimiento calórico, esto en niños podría ocasionar problemas de crecimiento y aprendizaje.
Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2021, el nivel de anemia en nuestros niños de seis a 36 meses representa el 35,5% en el área urbana y el 48,7 % en zonas rurales. Esta situación es preocupante, debido a que esta condición afecta el desarrollo cognitivo.
Por estas razones, la FAO advierte a los gobiernos, donde el peruano no está exento, que el abordaje en políticas publicas debe apoyar a la agricultura y los programas de alimentación. Esto tendrá un verdadero impacto sobre la seguridad alimentaria y nutricional, así como también, en las repercusiones generales de carácter sanitario, social, económico y ambiental.
Para finalizar, el reto que abraza el Perú de cara a una post pandemia es contrarrestar los efectos de la doble carga que significa la malnutrición en nuestra población, sobre todo en nuestros niños. La buena noticia, sería que los problemas de desnutrición crónica y global en niños menores de cinco años han mostrado una tendencia negativa desde los noventas, sobre todo la crónica. A la fecha el costo de las consecuencias asociadas a los problemas de mal nutrición sobrepasa los cien millones de dólares y es por ello que el gobierno debe actuar prontamente.









