En las últimas horas, un hecho ocurrido en el programa de entretenimiento “Yo Soy” ha generado indignación en redes sociales y en la opinión pública. Según señalan numerosos televidentes, el jurado Ricardo Morán —reconocido por ser activista LGTB y declararse abiertamente ateo, quién tambien aseguró en un podcast que “es mejor vivir con el diablo que con Dios”— humilló a un joven concursante por manifestar su fe en Dios durante su presentación.
El incidente, captado en video y difundido ampliamente, muestra cómo, ante la simple expresión del participante: “En primer lugar, agradecer a Dios”, Morán interrumpe con tono sarcástico e humillante, preguntando si esa frase era “su nombre completo” y continuando con comentarios que para muchos fueron innecesarios y ofensivos.
Transcripción del momento:
Ricardo Morán: —¿Cuál es tu nombre, por favor?
Concursante: —En primer lugar, agradecer a Dios.
Ricardo Morán: —En primer lugar, agradecer a Dios, ¿eso es completo o cuál es el apellido?
Concursante: —No, yo quiero agradecer a Dios.
Ricardo Morán: —Ah, ya, pero te pregunté tu nombre.
Concursante: —Sí.
Ricardo Morán: —Dinos tu nombre, por favor.
Concursante: —Y en esta oportunidad, cuando sea.
Ricardo Morán: —En esta oportunidad. ¿Cuál es el apellido? ¿Oportunidad?
Concursante: —Percy Jesús Palacio Chonce. Y me dicen PJ, para los amigos eternos.
Ricardo Morán: —Sí, pero no somos tus amigos, así que vamos a decirte…
El tono y la insistencia del jurado fueron interpretados por muchos como un acto de burla hacia la fe del participante. Para la audiencia creyente, este tipo de conductas demuestran una falta de tolerancia hacia quienes profesan públicamente su creencia en Dios, y contrastan con el discurso de respeto e igualdad que el propio Morán promueve en otros contextos.
“Esta gente debería conocer algún día de Dios; vivir con Dios es lo mejor que te puede pasar. Se nota en el rostro, se refleja en la vida”, comentan algunos usuarios en redes, quienes exigen respeto hacia todas las creencias y hacia la libertad de expresión religiosa.
El caso ha reavivado el debate sobre los límites del humor, el respeto a la fe y la verdadera práctica de la tolerancia en medios de comunicación masivos.









