El cono de Tubino volvió a escena, esta vez no como un símbolo de protesta ciudadana, sino como una inesperada mascota de campaña. A pocos meses de las elecciones generales de 2026, el candidato al Senado por Fuerza Popular, Carlos Tubino, decidió reapropiarse del objeto que lo convirtió en tendencia nacional en 2019 y convertirlo en un elemento central de su estrategia política, aunque no exenta de ironía y polémica.
En recientes publicaciones difundidas en redes sociales, el excongresista aparece acompañado de un personaje caracterizado como un cono de tránsito antropomorfo, con bigote y traje formal, que interactúa con él en distintos escenarios simbólicos, como el Congreso de la República o la Plaza Mayor de Lima. El recurso no pasó desapercibido y rápidamente generó comentarios, burlas y reacciones divididas entre usuarios que recuerdan el episodio original y otros que cuestionan el uso de la sátira como herramienta electoral.
El cono de Tubino: de agresión a mascota electoral
El origen del cono de Tubino se remonta al 4 de octubre de 2019, cuando el entonces congresista fue agredido en los exteriores del Parlamento. En medio de insultos y gritos, un transeúnte le lanzó un cono de tránsito en la cabeza mientras caminaba por la avenida Abancay, en el Centro de Lima. El hecho fue grabado y difundido ampliamente en redes sociales, convirtiéndose en uno de los momentos más virales de la crisis política de ese año.
Aquel episodio simbolizó, para muchos ciudadanos, el hartazgo con la clase política en plena antesala de la disolución del Congreso. El video recorrió el país y el cono quedó instalado en el imaginario colectivo como una imagen de protesta y rechazo.
Seis años después, Tubino parece haber optado por resignificar ese recuerdo. En lugar de evitarlo, lo incorpora a su campaña como un emblema que mezcla humor, provocación y memoria política.
Sátira política y estrategia de campaña
El uso del cono de Tubino como mascota no es casual. En sus mensajes, el candidato apela a la sátira para presentarse como alguien que “superó” el agravio y que ahora lo transforma en símbolo de orden, disciplina y autoridad. En algunos videos, el personaje del cono aparece defendiendo ideas como la “fuerza del orden” o la necesidad de reformas en seguridad ciudadana, en un tono que combina discurso serio con estética caricaturesca.
Esta estrategia, sin embargo, no ha estado libre de críticas. En redes sociales, varios usuarios recuerdan que el cono representó una expresión de indignación ciudadana y cuestionan que ahora sea utilizado como herramienta de marketing político. Otros, en cambio, consideran que se trata de una jugada astuta para captar atención en un escenario electoral saturado de mensajes tradicionales.
¿Humor o banalización de la política?
El regreso del cono de Tubino abre un debate más amplio sobre el uso de la sátira en la política peruana. Mientras algunos especialistas señalan que el humor puede acercar a los candidatos a un electorado desencantado, otros advierten que este tipo de recursos puede trivializar el debate público y desviar la atención de propuestas concretas.
Por ahora, lo cierto es que el cono volvió al centro de la conversación política. Ya no vuela por los aires como en 2019, sino que camina, habla y posa frente a cámaras. En una campaña donde la visibilidad es clave, Carlos Tubino apuesta por convertir un episodio incómodo de su pasado en la imagen más recordada de su presente electoral.







