Un insólito hecho ha generado conmoción en el centro poblado menor de Napatí, provincia de Satipo (Junín), donde el alcalde Nelson Checari Valderrama fue sorprendido en flagrancia cometiendo un acto de infidelidad. La denuncia, presentada por la pareja de la mujer implicada, provocó la indignación de la comunidad, que decidió sancionar a la autoridad con un correctivo ancestral conocido como “chalanqueada”.
Según reportes locales, la situación salió a la luz luego de que se recopilaran pruebas, incluyendo un video grabado por el propio alcalde, y tras verificar la denuncia, las autoridades comunales trasladaron el caso a la comunidad nativa Aoiti. Allí se aplicó la curación ancestral, que consistió en despojar parcialmente de sus prendas a Valderrama y azotarlo públicamente como símbolo de humillación y rechazo por transgredir las normas de convivencia.
La ceremonia de sanción fue presenciada por decenas de comuneros que exigieron respeto a los valores familiares. La mujer implicada, identificada con las iniciales K.A., también fue señalada por la comunidad, ya que ambos mantenían compromisos familiares. La pareja de K.A., que sospechaba de la infidelidad desde hacía semanas, recurrió a los sistemas de información y alerta (SIA) de la comunidad El Milagro, en Pichanaki, para confirmar sus sospechas antes de denunciar.
“Como autoridad, no es todo fácil, hermanos”, se escuchó decir al alcalde en medio de la sanción. Sin embargo, comuneros señalaron que “la sacó barata”, ya que en otros casos el castigo suele ser más severo. La aplicación de esta medida refleja la vigencia de la justicia comunal en la zona, donde el adulterio se considera una falta grave contra los valores colectivos.
El hecho ha marcado un quiebre en la confianza de la población hacia Checari Valderrama, quien anteriormente fue jefe de la comunidad nativa Aoiti antes de asumir la alcaldía de Napatí. Para muchos, el episodio no solo constituye una falta moral, sino también un duro golpe a la imagen de la autoridad local. La chalanqueada, aunque polémica, es reconocida como parte del derecho consuetudinario indígena y sigue siendo utilizada como mecanismo legítimo de corrección y resolución de conflictos en comunidades amazónicas y andinas del Perú.










