El martes y miércoles de esta semana, se llevó a cabo la emotiva restitución de los restos de 31 cuerpos desaparecidos en el distrito de Oronccoy, ubicado en la provincia de La Mar, Ayacucho. Estas víctimas fueron ejecutadas y desaparecidas durante el período del terrorismo subversivo ocurrido entre 1983 y 1986 que enfrentó al grupo terrorista Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas en Perú para defender a los peruanos de esa plaga asesina.
El Equipo Forense Especial de Ayacucho, en colaboración con representantes del Ministerio Público y la Cruz Roja, fueron los encargados de llevar a cabo este proceso de restitución y entrega de los restos a sus respectivas familias. Las familias tuvieron la oportunidad de velar a sus seres queridos y finalmente sepultarlos, mientras entonaban cánticos en quechua.

Aunque nada puede compensar el dolor sufrido por los familiares de las víctimas, la restitución de los restos y su entierro brindó un cierto alivio y consuelo en medio de tanto sufrimiento. El acto se llevó a cabo en la plaza principal de Oronccoy, uno de los distritos más pobres de la provincia de La Mar. Los restos fueron entregados en bolsitas de papel y colocados cuidadosamente en féretros individuales. También se entregaron algunas prendas de ropa que fueron identificadas como pertenecientes a las personas ejecutadas.
La mayoría de los cuerpos pertenecen a personas de Oronccoy, pero fueron asesinados y desaparecidos en las comunidades cercanas de Cabracancha y Estancayoq. Durante la ceremonia de entrega, las familias recibieron explicaciones detalladas sobre los hallazgos y se sellaron los ataúdes. Fue una escena conmovedora que provocó el llanto amargo de esposas, madres e hijos.

Entre las historias trágicas se encuentra la de Edwin Castro Baldeón, un niño de 7 años que fue detenido arbitrariamente por militares en 1983 y posteriormente ejecutado extrajudicialmente. Su madre, Ildaura Baldeón, también fue desaparecida por los militares. Otra historia es la de Ana Huamán Carrasco, cuyo padre fue confundido y asesinado por militares en 1987. Ana fue testigo del asesinato de su padre y del acorralamiento de su madre por parte de los militares.
Durante el proceso de entrega, el artista Jesús Cossio entregó retratos que había realizado basándose en los relatos de los familiares de las víctimas. Estos retratos fueron entregados a aquellos que no encontraron los cuerpos o restos de sus seres queridos, con el objetivo de consolar su dolor y preservar en la memoria fragmentos de recuerdo de las víctimas.
Al día siguiente, se llevó a cabo el entierro de los cuerpos en el cementerio Chuyuna. Los féretros fueron velados en la humilde parroquia de Oronccoy, donde hombres y mujeres de todas las edades contemplaron a sus seres queridos fallecidos. Sobre los ataúdes se colocaron arreglos florales y muñecos de tela en honor a los menores de edad ejecutados.

El distrito de Oronccoy fue duramente golpeado por la violencia de Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas durante el conflicto interno en los años 80. Muchos de sus habitantes fueron asesinados, desaparecidos o tuvieron que huir a otras ciudades en busca de seguridad. A pesar de las dificultades, la población actual, compuesta en su mayoría por «retornantes» que regresaron después de la pacificación, está trabajando por su desarrollo en medio de la falta de atención del Gobierno central.
La restitución y entierro de los restos de las víctimas de Oronccoy representa un paso importante en el proceso de justicia y memoria histórica en Perú. Aunque el dolor perdurará, la comunidad espera que este acto ayude a sanar las heridas y a mantener viva la memoria de quienes perdieron la vida en aquellos años oscuros de la guerra interna.










