Un caso que ha causado conmoción en Trujillo y en todo el país involucra a Luis Esteban Lozano Daza, acusado de asesinar brutalmente a Bianca, una perrita que intentó proteger a su dueña de un violento ataque. La víctima, una joven enfermera que ha preferido mantener su identidad en reserva, denunció que sufrió años de maltrato físico y psicológico por parte del sujeto, quien actualmente se encuentra prófugo.
El ataque ocurrió el pasado jueves 9 de mayo en el jirón Zepita, en el centro histórico de Trujillo. Según el testimonio de la víctima, Lozano ingresó a la fuerza a su vivienda, la golpeó salvajemente y, al huir, se encontró con Bianca en la calle. “Me pegó, me agarró de los pelos contra la pared. A las justas pude escapar corriendo”, relató entre lágrimas en un audio que ha sido difundido ampliamente en redes sociales. La perrita murió tras ser estrellada contra el suelo por el agresor.
La enfermera detalló que no era la primera vez que su expareja la atacaba. “Siempre le he dicho que ya no quiero nada con él, pero no entiende. Esta vez fue peor. Lo que le hizo a mi perrita no tiene perdón de Dios”, lamentó. Además, expresó su miedo de que el agresor vuelva a buscarla y aseguró que teme por la seguridad de su familia. “Mi papá no puede defenderse. Quisiera irme de Trujillo, pero recién he empezado la universidad y no puedo dejar mis clases”.
El abogado de la víctima, Javier Araujo, confirmó que Lozano atacó primero a la joven en plena vía pública, dejándola con lesiones en la cabeza y manos. Fue entonces cuando Bianca, al ver el ataque, intentó defenderla, desatando la furia del sujeto. Una cámara de seguridad captó el momento del crimen, donde también se ve cómo intentó agredir a un joven que trató de intervenir con un cuchillo.
La indignación en el vecindario no se ha hecho esperar. Vecinos y colectivos animalistas exigen justicia y piden la captura inmediata de Lozano. Tras el crimen, algunos residentes arrojaron piedras contra la vivienda del agresor, demostrando su repudio. “Es un monstruo, un asesino. No quiero que esto quede impune”, concluyó la víctima, aún devastada por la pérdida de su mascota y el temor persistente ante la posibilidad de nuevos ataques.










