Magnolia Quiñones, dio detalles del ‘via crucis’ que vivió su padre antes de morir por COVID-19 dentro del hospital Regional de Nuevo Chimbote. El hombre de 72 años que participó en los ensayos clínicos de la dosis de Sinopharm, perdió la vida el pasado 18 de febrero producto de la falta de oxígeno del nosocomio al que fue trasladado.
Según versión de la hija, el anciano habría empezado a presentar los síntomas de la enfermedad durante los primeros días de febrero, por lo que decidieron llamar a la Universidad Cayetano Heredia debido a que esta se encontraba monitoreando el estado de Salud de todos los voluntarios. La joven indicó que la entidad les comunicó que tenían que viajar a Lima para monitorear la salud de su padre, sin embargo, esto no pudo darse porque el Gobierno dio por iniciado el nuevo confinamiento.
“Los investigadores de la universidad llamaron al hospital, se comunicaron con el director, con el jefe de UCI, para pedirles que le den una cama, pero no se la dieron”, dijo Magnolia.
“La respuesta que dieron es que mi papá, por ser de 74 años, ya no le correspondía una cama UCI porque parte de los protocolos del hospital y de todo el estado a nivel nacional, es salvar a los mas jóvenes, a los que presenten mejores condiciones de salud”, agregó indignada.
Finalmente, la hija indicó que aún no tiene certeza de que su padre haya recibido la vacuna contra coronavirus o simplemente placebo. Asimismo, condenó el escándalo de los 487 funcionarios que recibieron la dosis de Sinopharm de manera irregular, mientras que miles de peruanos, al igual que su padre, se encontraban padeciendo los estragos de la enfermedad.
“Mientras los congresistas, los políticos, los gobernantes, los ministros, escogen las vacunas y se vacunan en silencio, le han puesto un placebo a un hombre de 74 años… Eso se llama genocidio, no tiene otro nombre”, finalizó diciendo para Exitosa.}







