En febrero de 1989, días antes de la captura de Víctor Polay Campos, fundador y cabecilla del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), la revista Cambio publicó un extenso artículo firmado por Alfonso López Chau. El texto, presentado como un testimonio personal, buscaba reconstruir la relación de amistad entre ambos desde su adolescencia en el Callao y su militancia juvenil en el APRA. Sin embargo, el contenido y el tono de la publicación han vuelto a cobrar relevancia por la evidente romantización del terrorismo y la insistencia del autor en calificar a Polay como un “luchador político”.
La crónica relata episodios que se remontan a cuando ambos tenían apenas quince años, incluyendo su militancia en la JAP aprista, las luchas estudiantiles en la Universidad Federico Villarreal y las posteriores derivas ideológicas que llevaron a Polay a integrarse primero a grupos marxistas como el MIR y, finalmente, a dirigir una de las organizaciones terroristas más violentas del país: el MRTA.
Pese a este historial, López Chau desarrolla un retrato que intenta suavizar, justificar e incluso reivindicar la trayectoria delictiva de Polay. A continuación, se presentan los pasajes más reveladores del texto, donde el autor recurre a una narrativa que romantiza al líder emerretista.
El origen del “convencido marxista”: la construcción del mito
López Chau afirma que, en su juventud, Polay estaba seguro de que la concepción aprista era una forma “correcta” de aplicar el marxismo al Perú. El artículo señala:
“Víctor era un convencido que el APRA dentro de esa concepción era una aplicación marxista a la realidad concreta del Perú, y que el comunista congelado y el stalinista era incapaz de hacerlo”.
Este pasaje intenta presentar a Polay como un cuadro reflexivo y doctrinariamente sofisticado, desplazando cualquier consideración sobre los métodos terroristas que luego abrazaría.
“No es un delincuente común”: la negación del terrorismo
Uno de los fragmentos más polémicos aparece cuando López Chau narra un reencuentro con Polay años después, cuando este ya era una figura central del MRTA:
“Víctor Alfredo no es un delincuente común”.
El autor no solo niega la categoría penal correspondiente, sino que además la contrapone a una visión afectiva y casi fraternal, en la que ambos comparten “luchas, dudas y sentimientos”. Esta formulación diluye de manera explícita la responsabilidad criminal del cabecilla emerretista.
El elogio directo: “un luchador social, un luchador político”
Debajo de una fotografía de López Chau se encuentra la frase que sintetiza toda la narrativa de la crónica:
“Creo que es un hombre, cuyo programa no comparto, pero creo que es un luchador social, un luchador político”.
Ese encuadre otorga legitimidad a las acciones del MRTA, ubicándolas en el terreno de una supuesta lucha política y no en el del terrorismo. El lenguaje no es accidental: busca reemplazar una condena explícita por una figura heroica.
La violencia como “rebeldía legítima”
En otro tramo del artículo, el autor intenta justificar la opción armada:
“Creo que la desesperación y la rebeldía es un derecho en el país de hoy y que, por lo tanto, existe una motivación legítima”.
El uso del término “derecho” resulta especialmente grave: plantea la violencia como una reacción comprensible e incluso moralmente válida, dejando a un lado las consecuencias mortales de las acciones del MRTA.
Coincidencias estratégicas con la convocatoria del MRTA
López Chau admite una afinidad política con la convocatoria del movimiento terrorista:
“El MRTA convoca ciertamente a un amplio Bloque Nacional Popular, a nosotros nos anima la misma convocatoria desde otro espacio”.
Aunque intenta marcar distancias tácticas, la frase enmarca al MRTA como un actor político legítimo y con objetivos compartidos con sectores de la izquierda legal. Este tipo de afirmaciones contribuye a lavar la imagen del grupo armado.
El MRTA como heredero de una “tradición armada”
Al diferenciar al MRTA de Sendero Luminoso, López Chau insiste en otorgarle un carácter histórico y casi épico:
“El MRTA es sin lugar a dudas un movimiento distinto a Sendero. Adscrito a la vieja tradición armada del país y del continente… en sus filas hay mucho de mito y de fe, mucho de socialismo heterodoxo en la meta que se busca”.
Estas expresiones posicionan al MRTA en la línea de supuestos movimientos revolucionarios regionales, encubriendo la realidad de asesinatos, secuestros y atentados cometidos por dicha organización.
Conclusión: un discurso que exige explicaciones
El artículo de Alfonso López Chau trasciende el registro testimonial para convertirse en un intento evidente de reivindicar a Víctor Polay Campos. En sus líneas no solo lo llama “luchador político”, sino que niega explícitamente su condición de dirigente terrorista, elimina el carácter criminal de sus acciones y otorga un halo de legitimidad histórica, moral y política al MRTA.
Frente a ello, críticos y especialistas exigen que López Chau explique públicamente:
Su calificación política de Polay.
Su justificación implícita de la violencia armada.
Su cercanía y admiración hacia quien fue el máximo líder de una organización terrorista responsable de muerte y destrucción en el Perú.
A treinta años de distancia, la crónica no solo revela una postura ideológica, sino un esfuerzo deliberado por romantizar el terrorismo en un momento crítico de la historia peruana.


Milagros Leiva apunta contra Alfonso López Chau
La periodista cuestiona directamente la tibieza con la que algunos sectores tratan a los terroristas, recordando las atrocidades cometidas por el MRTA. Cita ejemplos como las “cárceles del pueblo”, donde se mantenían secuestrados a empresarios y ciudadanos, provocando muertes, y la colocación de coches bomba.
Leiva recordó que durante la campaña pasada, se alertó sobre los tentáculos del Movadef, brazo político de Sendero Luminoso, en la candidatura de Pedro Castillo. Señala que este tipo de advertencias, en su momento, generaron críticas e insultos, que ella atribuye a contar la verdad.
Polay Campos, conocido también como el camarada Rolando, fue el líder bajo cuyo mando el MRTA cometió una serie de atentados, secuestros y asesinatos. La periodista reitera que un luchador social no es un asesino ni el autor intelectual de crímenes.







