En una decisión que podría alterar significativamente el equilibrio geopolítico del Caribe, Trinidad y Tobago ha ofrecido su territorio y aguas territoriales para operaciones militares de Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro. La primera ministra Kamla Persad-Bissessar afirmó que su gobierno respalda plenamente el despliegue de fuerzas estadounidenses en la región para combatir el narcotráfico, y no dudará en permitir operaciones desde suelo trinitense si Venezuela ataca a Guyana.
La mandataria declaró que su país no necesita consultar al CARICOM sobre esta medida, subrayando la soberanía de cada Estado miembro para tomar decisiones de seguridad nacional. “Cada nación puede hablar por sí misma en estos asuntos”, indicó. Trinidad y Tobago ha sido uno de los países más golpeados por el crimen organizado transnacional, incluyendo el narcotráfico, la trata de armas y el lavado de dinero, lo que refuerza su respaldo a la intervención militar de Estados Unidos.
Persad-Bissessar dejó en claro que, pese a mantener buenas relaciones con el pueblo venezolano, su gobierno no permanecerá pasivo si el régimen de Maduro lanza un ataque o invade territorio guyanés. En ese escenario, Trinidad y Tobago autorizaría inmediatamente el uso de su territorio a las fuerzas armadas estadounidenses. Esta declaración se produce mientras buques como el USS Gravely y el USS Iwo Jima patrullan el Caribe con más de 6,000 efectivos a bordo.
La operación estadounidense tiene como blanco al Cartel de los Soles, una organización criminal dirigida por altos funcionarios del chavismo, incluida la cúpula militar venezolana. Según el Departamento del Tesoro de EE.UU., este cartel participa en el tráfico internacional de drogas, oro y petróleo, y mantiene vínculos con grupos como las FARC, el ELN, el Cartel de Sinaloa y Hezbollah. En julio de 2025, fue designado como organización terrorista, elevando la recompensa por Maduro a 50 millones de dólares.
Esta nueva alineación entre Trinidad y Tobago, Guyana y Estados Unidos representa un cambio estratégico en la región. Pequeños Estados insulares como Trinidad y Tobago, que han lidiado con olas de crimen por décadas, reconocen que no cuentan con los recursos militares para enfrentar por sí solos a redes criminales internacionales. Por ello, la colaboración con potencias como EE.UU. se percibe como una necesidad urgente en defensa de la estabilidad regional.









