El conflicto entre Israel e Irán ha encendido las alarmas en Moscú. Lo que inicialmente fue visto por sectores del Kremlin como una oportunidad para desviar la atención internacional de Ucrania y reforzar los precios del petróleo, ahora se ha transformado en una seria preocupación geopolítica. Según The Washington Post, en los círculos de poder rusos crece el temor de que la ofensiva israelí sobre territorio iraní derive en un cambio de régimen, debilitando gravemente la posición de Rusia en Medio Oriente.
En los primeros días del conflicto, voces influyentes como la del empresario Konstantin Malofeyev consideraron que Rusia podría sacar ventaja del escenario para negociar con Estados Unidos un acuerdo que implicara el retiro del apoyo a Ucrania. Además, el alza del crudo parecía beneficiar a Moscú. Sin embargo, la intensificación de los ataques israelíes, que ya han alcanzado instalaciones nucleares y provocado la muerte de altos mandos iraníes, ha encendido señales de alerta entre funcionarios y analistas rusos.
Desde el Kremlin, algunos temen que una desestabilización interna en Irán comprometa la alianza forjada desde el inicio de la invasión a Ucrania, basada en el suministro de drones y misiles. Un académico citado por The Washington Post advirtió que cualquier cambio de régimen, incluso si no es prooccidental, podría no ser tan favorable para Moscú como el actual. La pérdida de Irán, tras la disminución de la influencia rusa en Siria, representaría un golpe estratégico mucho más severo.
A pesar de la oferta pública del Kremlin para actuar como mediador, ni Irán ni Israel han mostrado interés en aceptar una intervención rusa. Mientras tanto, algunos líderes europeos rechazan abiertamente cualquier protagonismo de Putin en el conflicto. En lo económico, aunque el alza del crudo mejora las finanzas rusas, el riesgo geopolítico a largo plazo preocupa: una coalición antioccidental más débil, una creciente proliferación nuclear en la región y la posibilidad de un conflicto global, son escenarios que Moscú ya no descarta.
En ese contexto, analistas y políticos rusos advierten que una expansión del conflicto podría arrastrar al mundo a una guerra de escala mayor. Figuras como Leonid Slutsky y Konstantin Kosachev han pedido contención internacional ante el peligro de una “Tercera Guerra Mundial”. La elite rusa ve con inquietud cómo un conflicto inicialmente ajeno puede convertirse en una amenaza directa a sus intereses estratégicos, y cómo una supuesta ventaja táctica puede derivar en una derrota diplomática y militar de largo alcance.









