Con la pandemia y la cuarentena varias personas consideradas pacientes de riesgo se vieron sin ayuda a la hora de salir para hacer las compras y otras tareas. Es por eso que muchos jóvenes en todo el país se ofrecieron como voluntarios para llevarle la comida a las personas vulnerables. Así inició la historia de Roberth Calla Soto, un joven peruano que ayudó a dos ancianos jubilados.
Calla, de 32 años, vive en Argentina desde los 10 y se inscribió en un programa de voluntariado para personas que no disponen de familiares cercanos que puedan atenderlos.
“Me enteré en Internet y me pareció una idea muy buena, de ayudar a personas grandes, de poder darles una mano. Me gusta sentirme útil. Una vez quise sumarme a voluntariado de comedores, pero al final no se dio”, indicó.
Graciela Batalla Gómez y Félix Vallejos son una pareja jubilada que se inscribió en el programa de asistencia promovido por el Gobierno de Argentina, “Mayores Cuidados”. Viven en Barracas y sufren de hipertensión y diabetes, por lo que están considerados como personas de alto riesgo.
Roberth, que vive a tres cuadras de ellos, fue el joven que les asignaron y que les hizo las compras de comida y farmacia durante toda la cuarentena. “Al principio tenía mis dudas, pensaba que me podía tocar una persona irritable o que por ahí su carácter era distinto al mío. Pero no: con Graciela y Félix hubo una buena química, me sentí muy cómodo con ellos. Congeniamos muy bien”, explicó en una entrevista con Infobae.
La pareja, por su parte, se mostró encantada tanto con los modales de Roberth como del buen trato que tuvieron en todo momento. “Es como un nieto que nos cayó del cielo”, exclamó Graciela. Ellos se mudarán a un departamento en Palermo y harán una fiesta para celebrarlo donde invitarán al joven cuando se levante la cuarentena.










