En medio de crecientes tensiones con Estados Unidos, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sorprendió al ofrecer la cooperación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y de los organismos policiales de su país al mandatario estadounidense, Donald Trump, para enfrentar al narcotráfico en la región. “Si usted, presidente Trump, en serio quiere hablar de una lucha para acabar con el narcotráfico, Venezuela tiene la experiencia y los resultados concretos”, declaró en una conferencia de prensa el lunes 1 de septiembre.
Maduro aseguró que la Superintendencia Nacional Antidrogas (SNA), la FANB y los cuerpos policiales venezolanos están “totalmente a la orden” para articular una estrategia conjunta con gobiernos de Sudamérica y Centroamérica. Según dijo, el narcotráfico constituye uno de los principales problemas regionales y solo puede enfrentarse de manera efectiva mediante la cooperación internacional.
El líder chavista sostuvo que no guarda animadversión hacia Donald Trump y que ambos coinciden en el deseo de “paz para el mundo”, al tiempo que se mostró dispuesto a ser “el único aliado de EE. UU.” si el interés de Washington es real. Sin embargo, en el mismo pronunciamiento lanzó una advertencia: si Venezuela fuera agredida tras el despliegue de buques de guerra estadounidenses en el Caribe, la nación entraría “inmediatamente en un periodo de lucha armada”.
Washington acusa a Maduro de liderar el denominado Cartel de los Soles y mantiene una recompensa de 50 millones de dólares por su captura. Frente a estas acusaciones, el mandatario venezolano volvió a ofrecer los resultados de su gobierno en la lucha antidrogas como prueba de su disposición a cooperar, mientras rechazó cualquier intento de intervención militar.
Las declaraciones de Maduro coinciden con maniobras militares de Estados Unidos en Puerto Rico, donde la 22° Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina inició entrenamientos anfibios y operaciones aéreas. Aunque la gobernadora Jenniffer González negó que haya planes formales para reabrir antiguas bases militares en la isla, grupos sociales expresaron su rechazo a una mayor presencia castrense, advirtiendo sobre los efectos ambientales e históricos de las instalaciones bélicas en el archipiélago caribeño.









