Katmandú vuelve a la calma después de una semana de violentas protestas que dejaron 51 muertos y más de 1.300 heridos. Jóvenes manifestantes, en su mayoría de la Generación Z, que lideraron las marchas contra el primer ministro K.P. Sharma Oli, regresaron a las calles con un propósito distinto: limpiar y reconstruir los destrozos ocasionados durante la revuelta.
Armados con escobas, bolsas y tachos, los voluntarios barrieron escombros en plazas, pintaron muros vandalizados y repararon baldosas dañadas en las inmediaciones del Parlamento y otros edificios incendiados. En videos difundidos en redes sociales también se observa cómo algunos devolvieron artículos saqueados, como refrigeradores, microondas y ventiladores, en un gesto simbólico de reconciliación.
La revolución en Nepal estalló luego de que el gobierno comunista ordenara bloquear 26 plataformas digitales, incluidas Facebook, TikTok y YouTube, lo que desató la indignación de miles de estudiantes y trabajadores. Las protestas escalaron rápidamente en un país golpeado por la corrupción y el desempleo, derivando en represión policial con balas reales, incendios de edificios públicos y saqueos.
El martes 9 de septiembre, la presión popular obligó a la dimisión del primer ministro Oli y cuatro de sus ministros, mientras el Ejército tomó el control de Katmandú e impuso un toque de queda nacional. Aunque las restricciones fueron levantadas parcialmente, el país sigue en transición política mientras se negocia la formación de un gobierno interino que devuelva estabilidad.

Hoy, tras días de violencia y caos, la Generación Z de Nepal busca mostrar otra cara de su movimiento: la solidaridad y la reconstrucción. “No luchamos solo por derrocar a un gobierno, sino por construir un futuro diferente”, se lee en uno de los mensajes que acompañan los videos virales que muestran a los jóvenes limpiando las calles y reparando lo destruido en la capital nepalí.










