La decisión de Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos, de abandonar la política institucional, anunciada tras conocerse los resultados de las elecciones madrileñas del martes, ha desencadenado las reacciones en todo el espectro político. Mientras que las formaciones de izquierdas y nacionalistas han destacado las luces de su trayectoria política, los partidos de derecha han celebrado como un triunfo propio su salida de las instituciones.
Una aventura política de siete intensos años. La abrumadora victoria de la derecha en las elecciones a la Asamblea de Madrid y la abrupta caída en picado de la izquierda en los comicios fue el escenario que llevó a Pablo Iglesias a anunciar lo que nadie se esperaba: su renuncia inmediata a la vida política.
«Dejo todos mis cargos. Dejo la política entendida como política de partido e institucional (…) no seré un obstáculo para la renovación del liderazgo que nuestra fuerza política necesita», dijo en una rueda de prensa tras conocer los resultados de las elecciones, que describió como una “tragedia”.
Siete años atrás se le conocía como a un controversial profesor universitario de ciencias políticas, quien solía pararse en las mesas de la facultad ante sus alumnos y cuestionar a la autoridad que se había unido al ímpetu de un descontento ciudadano fraguado por las consecuencias de la crisis económica a la que hacía frente el país desde 2008.
Con un discurso puramente contestatario, Pablo Iglesias impulsó el partido Podemos en 2014 tras labrarse una gran fama en tertulias políticas televisivas del país. Sus consignas eran las que se escuchaban en las asambleas que surgieron en el país de la mano del movimiento del 15 de mayo en 2011, un estallido que llenó las plazas de España de ciudadanos que pedían un cambio estructural de la política, así como un Estado en función de los ciudadanos más allá de los intereses económicos.
Podemos consigue 45 escaños en 2016, un rápido ascenso de caída acelerada
Con estas consignas y con la promesa de cambiar el statu quo es que Pablo Iglesias logró su primer gran hito electoral en 2014, cuando su recién formado Podemos se presentó a las elecciones europeas y obtuvo cinco asientos en la Eurocámara. Su figura, a la que muchos critican un gran ego, se convirtió en la cara del partido.
Fue cabeza de lista en cuatro elecciones generales. En 2015 entró por primera vez al Congreso y lo hizo pisando fuerte, con 42 asientos en la Cámara de Diputados. Luego, en la repetición de esos comicios en 2016 llegó a reunir los 45 escaños en la Cámara Baja. Además, formó coaliciones con partidos aliados a Podemos que le hicieron sumar hasta 71 asientos de 350 en el parlamento español.
Pero igual de rápido que su crecimiento, fue su declive. Para las elecciones de 2019 su formación perdió más de diez escaños hasta quedar en 33 asientos, una caída de la que no se repuso, pues en las elecciones de noviembre de ese mismo año obtuvo solo 26 representantes a la Cámara.
A pesar de haber perdido la mecha con la que arrancó en 2014, fueron esos comicios los que llevaron a Iglesias y a su formación hasta hasta la Moncloa. De la mano del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Unidas Podemos llegó al Ejecutivo, formando una coalición en la que Iglesias ocupó la vicepresidencia segunda del Gobierno.










