Bolivia se prepara para vivir un escenario político inédito. A pocos días de las elecciones presidenciales del 17 de agosto, los sondeos muestran que el Movimiento al Socialismo (MAS), por primera vez en casi dos décadas, no solo está fuera de la competencia principal, sino que corre el riesgo de desaparecer como partido si no alcanza el mínimo del 3% de votos válidos requerido para mantener su inscripción electoral. En su lugar, dos candidatos de centroderecha, Samuel Doria Medina y Jorge ‘Tuto’ Quiroga, lideran las preferencias y se perfilan como protagonistas de una histórica segunda vuelta.
Según la última encuesta publicada por el diario El Deber, Doria Medina alcanza un 24.5% de intención de voto, seguido muy de cerca por Quiroga, con un 22.9%. En contraste, el oficialista Eduardo del Castillo apenas logra un 2.1%. El alto porcentaje de votos blancos, nulos e indecisos (25%) confirma un clima de cambio y hartazgo hacia el modelo socialista que ha gobernado el país desde 2006.
Analistas como José Gabriel Espinoza y Raúl Peñaranda coinciden en que el MAS atraviesa una crisis terminal, debilitado por la escasez de dólares, el desabastecimiento de combustibles, la inflación y una economía estancada. A ello se suman las disputas internas entre Evo Morales y el actual presidente Luis Arce, que han fragmentado al movimiento y socavado su credibilidad. «El ciclo del MAS probablemente ha terminado», sentenció Espinoza.
Peñaranda explicó que el partido se ha dividido en al menos tres facciones que, juntas, no superan el 15% de respaldo. Su aparente heredero político, Andrónico Rodríguez, no logró consolidar liderazgo. Ambos analistas coincidieron en que la caída del MAS abre la puerta a una etapa de mayor pluralidad política y obliga al futuro gobierno a retomar el diálogo y la construcción de consensos.
La posible elección de Doria Medina o Quiroga representaría un giro completo respecto al dominio del MAS. Ambos tienen experiencia en el aparato estatal y fueron opositores perseguidos durante los años de hegemonía oficialista. Ahora, su desafío será gobernar con legitimidad, realizar ajustes económicos urgentes y transitar hacia una democracia de acuerdos. La era del MAS, aseguran muchos, está llegando a su fin.








