El candidato presidencial Ricardo Belmont volvió a generar polémica tras lanzar duras acusaciones contra lo que denominó una “mafia” política y mediática, a la que responsabilizó de intentar destruir la democracia peruana. Durante una transmisión en vivo, el líder del Partido Cívico Obras rechazó debatir en un set de televisión y aseguró que solo confrontará ideas en la plaza pública, frente a la ciudadanía.
En su intervención, Ricardo Belmont mafia fue la expresión que marcó el tono de su mensaje. “Yo estoy desafiando a la plaza pública, no a un set de televisión, frente a cuatro periodistas que yo sé que son periodistas puestos por la mafia”, afirmó el aspirante al sillón presidencial, en una declaración que rápidamente se difundió en redes sociales y plataformas digitales.
Acusaciones contra el sistema político y electoral
Belmont sostuvo que existe una estrategia deliberada para fragmentar el sistema político mediante la proliferación de partidos. Según su versión, se permitió la inscripción de 36 organizaciones políticas, aunque —aseguró— la intención inicial habría sido llegar hasta 60. Para el candidato, este escenario es “suficiente para destruir la democracia e instalar un fascismo”, en referencia a un sistema que, a su juicio, termina favoreciendo a grupos de poder antes que a los ciudadanos.
Estas declaraciones se producen en un contexto preelectoral marcado por la desconfianza hacia las instituciones, el cuestionamiento a los partidos tradicionales y el crecimiento de discursos antisistema. En ese escenario, Ricardo Belmont mafia se ha convertido en una consigna que resume su narrativa de confrontación directa con el establishment político y mediático.
Reto público y promesa personal
Más allá de las acusaciones, Belmont lanzó un desafío inusual. Dijo que aceptará un debate en una plaza pública y no en un estudio de televisión. “Si me dan la plaza y pierdo, ya está hecha mi promesa. Nunca más volveré a hablar de política y me iré del país”, manifestó durante la transmisión en vivo.
El candidato fue más allá al detallar las consecuencias personales que asumiría en caso de no lograr respaldo ciudadano. A sus 81 años, afirmó que abandonaría el Perú junto a sus dos hijos menores para vivir en otro país. Incluso comparó esa eventual decisión con la situación de millones de migrantes indocumentados en el mundo, señalando: “Me iré a hacer lo que han hecho dos a tres millones de indocumentados que están en el mundo entero”.








